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Tras una larga trayectoria profesional, tanto en el servicio público como en el privado, Ana Paulina Cruz Vélez dejó de ser jueza el pasado 30 de junio, al acogerse al retiro. Sin embargo, la exfiscal no anticipa un periodo de descanso, sino nuevos retos.
"Todas mis amistades me dicen: ‘Qué bueno que te vas a retirar, qué bueno que te vas a descansar’, pero hay algo de mí que me dice: ‘No me quiero alejar…’. Me da nostalgia. En lo que pueda contribuir a mi país, quiero seguir contribuyendo", dijo la ahora exjueza, exfiscal y ex Fiscal Especial Independiente (FEI).
Cruz Vélez fue jueza por 12 años, labor de la que se acaba de retirar y por la que recibió una Sesión Especial el pasado 24 de junio en el Tribunal de San Juan, a la que asistieron abogados, otros jueces y dos jueces asociados del Tribunal Supremo: Raúl Candelario y Camille Rivera Pérez. La ahora exjueza aclaró que dejó la toga judicial porque voluntariamente optó por acogerse a los beneficios del retiro, y no porque se le acabó el término o porque cumplió el límite de edad que dispone la Constitución.
En entrevista con Microjuris, la exjueza repasó su trayectoria. Natural de Aguadilla, hija de personas de escasos recursos, egresada de escuelas públicas y de la Universidad de Puerto Rico (UPR), y primera abogada de su familia (aunque no la única, porque su sobrino Alejandro Borelli es fiscal), comenzó en 1984 su carrera en el Derecho junto a un abogado de la práctica privada, cuando apenas tenía 25 años.
Estos pininos en el sector privado duraron poco, porque poco después pudo entrar al Departamento de Justicia, donde fue fiscal en diversas regiones judiciales, como Humacao y Arecibo, pero principalmente en San Juan, donde pasó "un tiempo maravilloso" y "años de mucho aprendizaje", con gratas experiencias junto a diversas figuras, como los agentes de la División de Homicidios de la Policía, enfrentando tareas complejas, como juicios por jurado de masacres, y también experiencias difíciles, como cuando le dispararon en un residencial.
"Nunca olvidaré ese momento", dijo cuando se le pidió que explicara el incidente de los disparos. Agregó que fue durante la investigación de un asesinato.
"Nos estacionamos frente a un garaje. Había muchísimos efectivos, y los policías me dijeron: ‘Pero, fiscal, ¿usted va a subir?’. ‘Claro’, les dije. Yo era, cómo decirlo, inocente. Para mí fue impactante lo que los agentes hicieron entonces. Ellos hicieron un círculo alrededor de mí, me pusieron un chaleco a prueba de balas y me acompañaron para ir a la escena. Había francotiradores por todos sitios; hubo tiros, yo los oí... Recuerdo que era mi cumpleaños, el 18 de agosto. Tenía unos zapatos blancos y un traje amarillo bello que nunca más me puse; le cogí manía".
En 1999, ya en sus 40 años, y dos años antes de que acabara su término, dejó la fiscalía porque quería la experiencia de la práctica privada de la abogacía.
"Yo he tenido la dicha de irme de sitios que me gustan. Yo entendía que no quería ser toda la vida fiscal. Quería defender gente, estar en el otro lado, quería hacer otras cosas", sostuvo.
Interesantemente, una de esas primeras experiencias fue ofrecer seminarios en América Latina, junto a otros destacados abogados, como el exfiscal general Pedro Gerónimo Goyco y letrados como Héctor Quiñones y Asdrúbal Domenech. Así, asesorando a países que estaban cambiando su modelo de derecho penal del sistema inquisitivo —o por papeles— al sistema oral, que es el que se utiliza en Puerto Rico, la entonces exfiscal tuvo en sus primeros años como abogada en la práctica privada la oportunidad de viajar y ofrecer seminarios a juristas en lugares como El Salvador (en un periodo posterior a su guerra civil), Bolivia, Perú y República Dominicana.
Fue abogada en la práctica privada por 15 años, hasta 2014, llevando casos no solo penales, por su experiencia como exfiscal, sino también civiles, en temas como Derecho de Familia y daños y perjuicios, un periodo en el que lo más agradable era ayudar a la gente y lo más difícil, la administración de la oficina.
"Esa experiencia me ayuda como jueza, y entiendo el sacrificio de manejar una oficina", indicó.
Como ejemplo, recordó el caso de un cliente que comenzó como un divorcio y terminó convirtiéndose en uno de relaciones de familia y custodia. Luego tuvo que defenderlo de órdenes de protección y hasta de acusaciones falsas, además de enfrentar un proceso ante un juez lento.
"Esa persona se desangró económicamente... Recuerdo que yo pensaba que, ‘si algún día soy jueza, quiero ser justa, quiero ser rápida’. Todos los casos tienen una carga económica", reflexionó.
En ese periodo comenzó también su etapa como FEI, la oficina encargada en el gobierno estatal de procesar a funcionarios acusados de corrupción.
¿Cómo se diferencia haber sido fiscal en Justicia de trabajar en el FEI?, se le preguntó.
"Quizá la presión mediática. En los casos del FEI hay una presión mediática; tienes a toda la prensa. Los acusados e implicados son personas que han tenido puestos importantes, de poder. En cuanto a la litigación, en el FEI los abogados con los que uno iba a litigar tenían más experiencia; era una litigación un poco más complicada, los asuntos eran más complejos, las investigaciones eran más complejas y se requería mucha más preparación", respondió.
En ese periodo como abogada comenzó también otra etapa que atesora: la de profesora, labor que emprendió en el año 2000 en la UPR y que hoy continúa impartiendo cursos en el programa de maestría de la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana.
La oficina de abogada que tenía entonces siguió siendo suya cuando juró como jueza.
"La tengo alquilada", contó.
En 2014 surgió la oportunidad de laborar en la judicatura, cargo que asumió con mucha responsabilidad y que acaba de dejar, pero con gran satisfacción.
"Fue una responsabilidad grande. Yo, como dije en mi despedida, nunca vi en la toga un asunto de poder, sino de responsabilidad, porque la toga pesa, pesa mucho. Es una responsabilidad enorme. No sé si les pasa a otros jueces, pero en mi caso particular yo había sido fiscal, había sido defensa y, en cada caso como jueza, trataba de entenderlo desde el punto de vista del fiscal, del abogado o también de profesora", mencionó.
"Yo empecé con mucha ilusión en la judicatura. Era un sueño que siempre tuve: poder ser jueza, impartir justicia. Yo soy un poco ilusa, romántica en ese sentido. A mí me encanta el Derecho. A mis estudiantes, sobre todo cuando les daba clínica, les decía: ‘Tienen que estar agradecidos. Donde ustedes se ganan la vida es en el servicio, ayudando a los demás. Nos pagan por ayudar, y eso es maravilloso’, ya sea como juez, como abogado, como fiscal o como asesor. Esa es una de las maravillas que tiene ser abogado. Te hablo y me emociono porque yo amo mi profesión", añadió.
Sus experiencias profesionales como abogada y fiscal ayudaron a labrar su carrera judicial, y reflexionó sobre lo que espera de la judicatura.
"Creo que todo esto me ha ayudado a lo que más esperaba, que era ser jueza. Tenía el insumo desde la academia, pero también desde la litigación, y creo que eso me ayudó a conectar para hacer lo mejor posible. Creo que eso me ayudó increíblemente. Creo que los jueces tienen que ser profesionales maduros, con experiencia, que conozcan el idioma de los fiscales, de la defensa, que conozcan cómo se siente una persona acusada, una víctima. Las personas no son números, no son estadísticas. Son seres humanos con toda una trayectoria de vida que quizá los ha empujado a lo que enfrentan, y tenemos que tener empatía con todas las personas", indicó.
Ahora, retirada de la judicatura, mira con entusiasmo su futuro, uno en el que no contempla quedarse de brazos cruzados y que incluye terminar un doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, España, donde desea estudiar cómo la inteligencia artificial (IA) impacta el derecho probatorio, específicamente en el derecho a la confrontación.
"Estoy bien ilusionada con el futuro. Creo que tengo madurez. Quiero seguir dando clases, quiero seguir viajando. Me invitaron a Miami a ofrecer una conferencia sobre examen directo y contrainterrogatorio. Estoy abierta a todas las posibilidades. Paulatinamente me quiero ir reintegrando e ir cogiendo casos poco a poco, porque les tengo respeto a mis compañeros jueces", afirmó.
¿Algo más que quiera añadir?, se le preguntó.
"Exhorto a jueces, abogados y fiscales a amar su profesión, que la respeten, que la vean con dignidad, como una herramienta para el cambio social, para ayudar a las personas y construir una mejor sociedad", dijo.