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Compromiso social más allá del birrete: "Quiero que me acompañe mi compás moral siempre"

22 de junio de 2026
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Por Daniel Rivera Vargas

Con tan solo 25 años, Jovely Germosen Contreras ha comenzado a dejar huellas en la sociedad que la rodea: enseñando a leer a personas analfabetas, educando a inmigrantes sobre sus derechos y participando en grupos de apoyo a niños con necesidades de educación especial y de defensa de los derechos de los animales. Todo esto forma parte de una trayectoria de vida que continúa transformándose, ya que la próxima semana será una de los más de 100 estudiantes de Derecho que se graduarán de la Universidad de Puerto Rico.

Oriunda de Puerto Nuevo y de padres migrantes dominicanos, Jovely no solo se gradúa magna cum laude de la Escuela de Derecho de la UPR, sino que durante sus tres años de estudios mantuvo un alto nivel de activismo social y comunitario. Trabajó en un proyecto con las comunidades aledañas al recinto de Río Piedras brindando asistencia a familias con problemas migratorios, ofreció tutorías a una niña para que culminara el octavo grado, colaboró en clases de alfabetización para adultos, fue portavoz del grupo Pro Bono Pro Derechos de los Animales, participó en tutorías para estudiantes de la Escuela y trabajó en la Clínica de los Derechos de la Niñez con necesidades de educación especial.

En entrevista con Microjuris, la joven contó que originalmente su plan de vida no era la abogacía, sino la psicología. Para ello estudió un bachillerato en Psicología con certificación docente en Estudios Sociales de la UPR. Sin embargo, su práctica docente en la Escuela Trina Padilla de Sanz, en San Juan, fue determinante para cambiar su rumbo profesional.

"En la Trina Padilla me asignaron dar clases de Historia de Puerto Rico en décimo grado y realmente me impactaron mucho las necesidades que tenían estos estudiantes. Ahí fue que tomé la decisión de estudiar Derecho. Eran personas tan inteligentes, pero pensaban tan poco de sí mismas; había tan pocos recursos", sostuvo.

La joven atesora la educación porque así se lo enseñaron en su hogar. Es la segunda de tres hermanos —Ashley, Jovely y Carlos— e hija de Sonia Contreras y Francisco Germosen, dominicanos que siempre le inculcaron la importancia de estudiar. Según relató, cuando necesitaba concentrarse para un examen, sus padres incluso salían de la casa para que pudiera enfocarse plenamente en sus estudios.

"Mis papás no tuvieron la oportunidad de estudiar en la universidad, pero desde que yo era chiquita nos inculcaron a mí y a mis hermanos que no nos pedirían nada más que estudiar. Ni siquiera teníamos que trabajar; lo único que querían era que estudiáramos", contó.

De hecho, agregó la futura abogada, su madre todavía conserva el libro con el que aprendió a leer: un texto de Head Start que recibió al completar ese programa preescolar.

La importancia que tienen los libros para ella la ejemplifica con una anécdota que conoció en un seminario de la Escuela de Derecho: "Cuando llueve, algunos niños inmigrantes se mojan para proteger sus libros. En vez de cubrirse la cabeza con el libro, prefieren proteger el libro y mojarse ellos. Siempre digo que esa anécdota es muy significativa y muy real. Yo siempre escojo proteger el libro y mojarme yo. Todo lo que mis padres sacrificaron para que yo estudiara no lo doy por sentado".

Jovely se ha solidarizado de diversas formas con la comunidad dominicana. Por ejemplo, junto a la profesora Érika Fontánez, actual decana interina de la Escuela de Derecho, trabajó en un proyecto que comenzó enfocado en temas de vivienda, pero que, ante el aumento de las acciones contra inmigrantes impulsadas por el gobierno de Estados Unidos a través del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), se transformó en una iniciativa de orientación sobre derechos para inmigrantes y de apoyo a estudiantes de escuelas como la Luis Muñoz Rivera, ubicada en Río Piedras.

Asimismo, ayudó a una joven dominicana a graduarse de octavo grado mediante un programa de tutorías. También colaboró con el Centro de Acción Urbana, Comunitaria y Empresarial (CAUCE), en Río Piedras, donde ayudaba a adultos —principalmente dominicanos— a aprender a leer y escribir.

"Uno de los participantes tenía la edad de mi papá y era de la misma zona de donde él es. Las cosas de la vida: pudo haber sido mi papá", indicó.

La joven publicará próximamente un artículo en la Revista Jurídica de la UPR sobre el problema del analfabetismo en Puerto Rico.

Con la graduación y el proceso de preparación para la reválida en el horizonte inmediato, Jovely se encuentra en un momento de reflexión sobre su futuro profesional.

"No me veo todavía en un lugar definido, pero sí quiero que me acompañe mi compás moral siempre. Quiero reconocer siempre quiénes son las personas impactadas por el derecho y qué cosas se pueden mejorar. Creo que eso es lo más importante", sostuvo.

"Me considero apasionada del derecho como disciplina, no solo de ser abogada, sino del análisis del derecho. Me gusta mucho la sociología. El Derecho, aunque algunos quieran separarlo de las ciencias sociales, es una ciencia social, por y para los seres humanos y su desarrollo en la sociedad", afirmó.

Jovely tiene la expectativa de que, una vez apruebe la reválida, pueda trabajar en la oficina de la jueza presidenta del Tribunal Supremo de Puerto Rico, Maite Oronoz Rodríguez.

La joven es una de los cerca de 2,400 graduandos del recinto de Río Piedras de la UPR, cuya graduación se celebrará el próximo 25 de junio en el Coliseo de Puerto Rico José Miguel Agrelot, en San Juan. De ese grupo, más de 170 estudiantes se graduarán de la Escuela de Derecho del sistema público de enseñanza.

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