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Por Lcda. Jessica L. Pérez-Salazar
Como abogada de inmigración, atiendo diariamente numerosas consultas de personas que expresan profunda preocupación por su estatus migratorio en los Estados Unidos tras las políticas implementadas por Donald Trump.
En los últimos días, el miedo ha sido un factor recurrente en estas consultas, ya que muchos inmigrantes temen la posibilidad de ser deportados y enfrentan la incertidumbre sobre el futuro de sus familias en caso de ser removidos del país.
Por ejemplo, aquellos con hijos nacidos en Estados Unidos se cuestionan si deben otorgar un poder legal para garantizar su cuidado en su ausencia. En el caso de los ciudadanos venezolanos, surge una inquietud adicional: la necesidad de que sus hijos obtengan una visa venezolana para poder ingresar al país en caso de una deportación de sus padres.
Otros inmigrantes expresan una profunda preocupación por la estabilidad de sus negocios. Muchos de ellos son emprendedores y propietarios de pequeñas empresas, como papelerías, tiendas de mascotas, talleres de mecánica automotriz y servicios de jardinería, entre otros. La mayoría ingresó legalmente a los Estados Unidos, ejercían profesiones en sus países de origen y han solicitado asilo, permaneciendo en el país durante años en espera de una resolución. Durante este tiempo, han trabajado, pagado impuestos y contribuido activamente a sus comunidades.
La incertidumbre y el temor también se reflejan en la Corte de Inmigración, donde es común ver a personas transitando los pasillos sin comprender el idioma, acompañadas de sus hijos pequeños, asistiendo a sus audiencias para cumplir con el debido proceso, pero con el temor latente de ser detenidas en ese momento. Esta preocupación no es infundada. Actualmente, represento a un hombre de 58 años, padre de cuatro hijos y abuelo de dos nietos, todos ciudadanos estadounidenses, quien ha residido en el país durante 26 años sin antecedentes penales ni deportaciones previas. Fue detenido mientras se encontraba en una esquina, esperando ser contratado para un trabajo de construcción por el día, una práctica común en diversas comunidades del país.
El uso del miedo como herramienta política no es un fenómeno nuevo; ha sido empleado a lo largo de la historia por diversos líderes para consolidar poder, justificar políticas represivas y movilizar apoyo popular.
Adolf Hitler y el Partido Nazi usaron el miedo como un mecanismo clave para consolidar el poder. A través de la propaganda, difundieron la idea de que Alemania estaba bajo amenaza de enemigos internos y externos, como los judíos, comunistas y otros grupos minoritarios.
Tras los atentados del 11 de septiembre, el gobierno de George W. Bush utilizó el miedo al terrorismo para justificar políticas como la Ley Patriota (Patriot Act) y la invasión de Irak en 2003. La retórica política enfatiza la necesidad de seguridad nacional a cualquier costo, incluso a expensas de derechos civiles y libertades individuales. Por ejemplo, se implementaron programas de vigilancia masiva, se autorizaron detenciones sin debido proceso en Guantánamo y se llevaron a cabo políticas de discriminación contra musulmanes y personas de origen árabe.
Durante la pandemia, varios líderes alrededor del mundo aprovecharon el miedo al virus para implementar políticas restrictivas que, en algunos casos, limitaron libertades individuales de manera excesiva o fueron utilizadas para consolidar poder. En países como China y Hungría, el miedo al COVID-19 sirvió como justificación para aumentar la vigilancia y restringir la libertad de prensa.
En algunos lugares, el miedo llevó a la aceptación de medidas autoritarias sin cuestionamiento. También se generó un aumento de la xenofobia, especialmente hacia personas de origen asiático, y la desinformación causó división social, con algunos sectores de la población creyendo en teorías conspirativas en lugar de evidencia científica.
En la actualidad, la administración de Donald Trump ha utilizado el miedo a la inmigración como un pilar fundamental de su política, retratando a los inmigrantes como criminales, violadores y una amenaza para la seguridad nacional. Medidas como las deportaciones masivas, la eliminación del Estatus de Protección Temporal (TPS) y una retórica abiertamente antiinmigrante han sido justificadas bajo el argumento de salvaguardar la nación.
El impacto de estas políticas en la sociedad ha sido significativo, generando un estado de ansiedad e incertidumbre entre las comunidades inmigrantes. Además, han contribuido al fortalecimiento de grupos supremacistas blancos, quienes han adoptado este discurso antiinmigrante como una justificación para actos de discriminación.
En este contexto, es fundamental reconocer cómo el miedo afecta a las comunidades inmigrantes y encontrar formas de contrarrestar su impacto. La educación legal, la asesoría adecuada y la resistencia comunitaria son esenciales para enfrentar este clima de temor y asegurar que los derechos de los inmigrantes sean protegidos. Es crucial que los inmigrantes conozcan sus derechos y opciones legales, participen en talleres informativos, accedan a recursos confiables y busquen asesoría de abogados especializados, ya que esto puede marcar la diferencia en la toma de decisiones informadas.
Contar con el respaldo de abogados y organizaciones que defienden los derechos de los inmigrantes permite desarrollar estrategias legales adecuadas para cada caso particular, aumentando las posibilidades de una resolución favorable. Además, la unión dentro de las comunidades inmigrantes fortalece su capacidad de resistencia. Participar en grupos de apoyo, redes vecinales y organizaciones proinmigrantes proporciona información, respaldo emocional y estrategias para enfrentar desafíos.
Tener un plan en caso de detención, incluyendo documentos importantes accesibles, contactos de abogados y estrategias para el cuidado de los hijos, brinda mayor seguridad ante posibles incidentes. Asimismo, elevar la voz contra las injusticias y participar en esfuerzos para la defensa de los derechos de los inmigrantes contribuye a generar cambios en políticas migratorias y fortalecer la representación de la comunidad en el ámbito político.
Frente al miedo y la incertidumbre, el conocimiento, la organización y la acción colectiva son herramientas esenciales para defender los derechos de los inmigrantes y consolidar su lugar en la sociedad estadounidense. Solo a través de la unidad y la determinación se podrá contrarrestar la narrativa del temor y avanzar hacia una comunidad más justa, equitativa e inclusiva.