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Por el Profesor Eliseo Roques-Arroyo
Profesor de Inteligencia Artificial y Derecho, Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana de Puerto Rico y Socio Administrador de EDGE Legal LLC
El reciente fallo del tribunal federal de Minnesota en Kohls v. Ellison ha revivido un debate interesante sobre los límites éticos y profesionales en el uso de la inteligencia artificial (IA) en la litigación. La decisión de la jueza federal Laura M. Provinzino de excluir la declaración pericial del profesor de la Universidad de Stanford, Jeff Hancock, debido a la inclusión de citas falsas generadas por ChatGPT-4o (uno de los modelos mas avanzados de OpenAI), marca un hito en la relación entre tecnología y el derecho. Este precedente impone una obligación ineludible sobre abogados y peritos: la verificación rigurosa de toda información producida con asistencia de IA.
CURSOS DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL
El epicentro del conflicto es la Ley de «Deepfakes» del Estado de Minnesota, cuestionada por presuntas violaciones a la Primera Enmienda de la Constitución federal. Irónicamente, la declaración de Hancock, un experto en desinformación digital de la Universidad de Stanford, contenía:
La jueza Provinzino fue tajante: «Firmar una declaración bajo pena de perjurio no es una mera formalidad: es un pacto de veracidad con el Tribunal» (Traducción nuestra). En su orden, no solo excluyó el testimonio del perito, sino que estableció un precedente inapelable sobre la responsabilidad irrenunciable de los abogados en la verificación de pruebas documentales.
El fallo en Kohls v. Ellison impone nuevos estándares en el uso de IA dentro del proceso judicial. Entre las lecciones más significativas se encuentran:
El fallo de la Jueza federal de Minnesota no es un hecho aislado. Se suma a una creciente tendencia judicial de escepticismo frente al uso de IA en los tribunales:
La jueza Provinzino sintetizó el dilema con claridad: «La IA puede democratizar el acceso a herramientas legales, pero su adopción acrítica erosiona la confianza en el sistema judicial».
Este caso fortalece interrogantes fundamentales sobre el futuro del derecho en la era de la IA:
El fallo en Kohls v. Ellison no es una presentación adicional de cargos al uso IA, sino un llamado a la responsabilidad en su uso para todos los componentes de nuestro sistema judicial. La revolución digital en el derecho es inevitable, pero su implementación debe estar alineada con principios éticos inquebrantables y nuestro Honorable Tribunal Supremo viene llamado a tomar acción.
La profesión legal enfrenta un punto de inflexión: adaptarse o perder credibilidad. Para los abogados y jueces, esto significa no solo entender como funcionan las herramientas tecnológicas disponibles, sino también establecer salvaguardas que protejan la integridad del Poder Judicial.