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Los niños de Salomón

06 de febrero de 2026
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Las opiniones expresadas en este artículo son únicamente del(a) autor(a) y no reflejan las opiniones y creencias de Microjuris o sus afiliados.

Por el Lcdo. Jaime Sanabria

Narra la Biblia, en concreto el Libro de los Reyes, uno de los hechos que han otorgado al rey Salomón, tan real en la historia, quizá tan mitológico en los hechos que se le atribuyen, la categoría de un sabio.

El conocido como el juicio de las dos madres, ambas prostitutas, que reivindicaban la maternidad del hijo vivo – frente a otro muerto – se resolvió con la intención del monarca de cortar en dos al niño y donar una parte a cada una. Al hacer pública su resolución una de las dos renegó de su condición de madre. De inmediato, Salomón le entregó el niño a ella al entenderla como la verdadera al no querer que su hijo se viese abocado a tan cruenta muerte.

Un suceso de una naturaleza relacionada con una maternidad confusa acaecido el día 4 de este mismo mes de febrero ha suscitado un amplio abanico de reacciones en todos los estratos sociales puertorriqueños. Una madre ha entregado voluntariamente a sus dos hijos de 10 y 11 años en un cuartel de Caguas.

En esencia, esta es la información troncal que ha suscitado una pleamar de reacciones. Ha trascendido también que a la mujer no se le apreciaron signos aparentes de trastorno mental, que su vestimenta no presentaba vestigios de abandono y que su exesposo estaba luchando por la custodia desde hace ocho años. Y algo que siendo colateral aporta una luz supletoria al caso; los chicos, con criterio y lenguaje propio por razones de edad, solo hablaban maravillas de la madre y manifestaron ante las autoridades policiales el amor que sentían hacia ella.

Hasta aquí lo conocido con la certeza propia de la discreción con la que el gobierno de Puerto Rico está llevando el caso por estar inmersos en él dos menores. El resto, por el momento, mientras no se revele nada más desde las fuentes autorizadas continuará "bajo secreto sumario" utilizando el entrecomillado para asimilar la expresión a lo jurídico, aunque formalmente no sea propio utilizarla.

Soy padre de dos hijos de un matrimonio disuelto con una madre a la que mis hijos adoran. Pretendo no caer en la gratuidad especulativa por prudencia, pero sobremanera por desconocimiento. "Tocar de oído", sin partitura, con el consiguiente desafino, es algo casi consustancial a los tiempos debido a la presencia de las redes sociales que entresacan al periodista, al jurista, al sociólogo, al legislador, al árbitro que cada uno lleva, llevamos dentro. La melodía resultante a menudo distorsiona la realidad y lo que debería ser solo música deviene en cacofonía colectivizada.

Solo puedo hipotetizar que para tomar una decisión así la madre se ha debido ver sometida a una sismicidad interior de la que solo ella puede dar cuenta de la magnitud de los temblores y de su frecuencia. Los combates derivados de la ruptura del amor en ningún caso deben tener a los hijos como objetivo. La utilización de escudos humanos es algo execrable en cualquier conflagración y si estos son menores el repudio es mayor.

No me caben dudas de que las autoridades competentes en la materia adoptarán la mejor de las soluciones para no perjudicar la estabilidad emocional de los dos vástagos que por sus edades apuntan más a preadolescentes que a niños. Ellos deben ser y serán, mantengo la certeza, el objeto central de la protección, por encima de los derechos legales de la madre y del padre, cualesquiera que sean.

No parece la actitud de la madre una de abandono, un desistimiento fruto de la desidia; más bien parece una voz desesperada de auxilio, la imposibilidad de balancear un muro emocional, convivencial o de cualquier otra índole, incluso la asunción de lo insalvable de un muro imaginario derivado de un menoscabo de la salud mental, esa epidemia sorda, o no tanto, que nos sobrevuela a todos como consecuencia de la complejidad progresiva de un modo de vida que incrementa su exigencia en cada etapa.
Quiero creer y creo que el espíritu de Salomón acabará imponiendo su sabiduría en aquellos que tengan que tomar la decisión de cómo proteger, o sobreproteger si resulta necesario, a los dos chicos.

Una resolución civilizada, curativa para las partes; una mediación salomónica y un veredicto con el mismo adjetivo de las autoridades pertinentes constituirá un termómetro, uno más, de la madurez de este nuestro Puerto Rico que aspira a ser algo más que un mero satélite.

Mis mejores deseos para estos niños y su madre. Si los primeros han manifestado su amor hacia ella, quiero presumir, por aquello de que prefiero las películas con los finales felices, que la entrega solo ha sido un acto supremo de amor también de madre a hijos para evitar que alguien, quien sea, tenga la tentación de cortarlos en dos partes y no acuda un Salomón contemporáneo para evitar su suplicio.

Las columnas deben enviarse a mad@corp.microjuris.com y deben ser de 600-800 palabras. 

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