» Ir al portal nuevo de Microjuris OK
Dos profesores de Derecho advirtieron la dificultad de que el presidente Donald Trump pueda aspirar a un tercer término para la presidencia de Estados Unidos.
La traba principal es la enmienda 22 de la Constitución de Estados Unidos, que en su primera línea dice: «Ninguna persona puede ser electo al cargo de Presidente más de dos veces». Trump ya ha sido electo en dos ocasiones, en 2016 y en 2024.
En varias comparecencias públicas el presidente Trump ha expresado que evalúa opciones para mantenerse en la presidencia por un tercer término, a pesar de lo que dispone la Constitución.
La catedrática de derecho constitucional de la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana, Yanira Reyes Gil, sostuvo que hay mucha discusión sobre el asunto últimamente, pero que finalmente sea ejecutado es algo muy difícil.
«Tiene que hacer una enmienda constitucional. El texto de la enmienda 22 es bien claro. Hay un debate de Trump y sus seguidores de que lo que se prohíbe son dos términos consecutivos, pero la enmienda 22 lo que dice es que no puede ser electo más de dos veces, simplemente dos términos. O sea que para que él logre ser presidente por un tercer término tendría que haber una enmienda constitucional», indicó Reyes Gil.
Las enmiendas constitucionales requieren la aprobación de Cámara y Senado de Estados Unidos por votación de dos terceras partes, y el presidente Trump no tiene tantos legisladores republicanos en ninguno de esos cuerpos, y luego esa enmienda debe ser ratificada por al menos 38 de los 50 estados, y los republicanos no controlan tantas jurisdicciones, planteó la profesora.
Reyes Gil indicó que la noción de una presidencia de más de dos términos es contraria a la histórica visión política estadounidense. Aunque la enmienda es de 1947, el único mandatario en ejercer la presidencia por más de dos términos fue Franklyn D. Roosevelt. Este falleció en 1945.
Agregó la catedrática que el tema de la limitación de términos se discute desde 1787, cuando comenzaba a gestarse el gobierno de Estados Unidos, con escritos incluso de Alexander Hamilton debatiendo esta idea. Pero aun sin la existencia de una limitación formal, figuras tan populares como George Washington no aspiraron a un tercer mandato a la presidencia, explicó la profesora.
«Aun cuando Roosevelt era un presidente simpático, en la política norteamericana no se veía con buenos ojos un presidente que se mantuviera de forma vitalicia en la presidencia, se entendía que esto era contrario al sistema de frenos y contrapesos», sostuvo Reyes Gil.
A pesar de la dificultad de ese tercer término, «el presidente va a seguir jugando políticamente con la idea», según Reyes Gil.
«Lo va a hacer por varias razones, muchas de las políticas que está estableciendo requieren tiempo, y él no quiere presentarse como un presidente que tiene fecha de expiración, sino un poder que puede mantenerse, (además) él quiere expandir su poder. Hacerlo permanente», explicó.
Pero, además de la traba constitucional, hay otra razón por la que no es realista pensar en un tercer término de Trump: su edad. «No es realista pensar que podría estar otro término. Él tendría 82 años», sostuvo.
La profesora entiende que el debate sobre el tercer término es parte del discurso de Trump y sus seguidores a favor de la concentración de poder en la figura del Ejecutivo, en la llamada teoría unitaria del ejecutivo, que implica que el presidente de Estados Unidos tiene más poder que las otras ramas, y que ese poder puede expandirse más allá de lo que dice la Constitución y la Ley.
Es la misma visión que ha llevado a la continua aprobación de órdenes ejecutivas para mandar sin necesidad de aprobar leyes por el Congreso, o incluso tratar de pasar por encima de estatutos ya vigentes, lo que ha llevado a que algunos tribunales ya hayan emitido órdenes en contra de directrices de Trump, y por lo que figuras como el vicepresidente de Estados Unidos J.D. Vance -abogado graduado de la Universidad de Yale- ha llegado a decir que «los tribunales no tienen autoridad para cuestionar las acciones el presidente».
Las posiciones del grupo de Trump no han tenido eco en la academia, y organizaciones como la American Bar Association y figuras como el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, le han salido al paso a algunas expresiones de Trump sobre el sistema legal estadounidense. Trump ha emitido órdenes ejecutivas contra bufetes de abogados.
«Hemos visto un ataque grande, violento, a todo el estado de derecho como lo conocemos», manifestó Reyes Gil.
Pero, aún no hemos llegado a una crisis constitucional. Eso ocurrirá cuando, más allá de lo que se ha expresado, haya un momento donde el Tribunal Supremo de una orden y la Casa Blanca de Trump no la acate, comentó Reyes Gil.
Aclaró que la reciente decisión de inmunidad del presidente en sus acciones no representa que puede tomar acciones violatorias de la ley como mandatario. Explicó la diferencia está en los efectos: la inmunidad de Trump es que no puede ser sancionado, con cárcel o multas.
«Ahora el resultado de un cuestionamiento de la ilegalidad de una actuación no es la responsabilidad del ejecutivo, sino la invalidez de una actuación del gobierno».
De otra parte, Carlos Chévere, profesor de derecho en St. Mary’s School of Law, en Texas, añadió que ya hay varios representantes que han presentado proyectos de ley para enmendar la constitución, pero «no veo la posibilidad de que eso pase".
«El proceso de enmiendas es uno complicado», sostuvo Chévere.
Más allá de las enmiendas, Chévere sostuvo que ha habido personas que temen que Trump decida declarar una ley marcial más cerca del final de su mandato para así mantenerse en el poder. Sobre la posibilidad de que el vicepresidente corra a la presidencia para ganar y luego entregársela a Trump, que es otra posibilidad que se ha mencionado públicamente, el catedrático adjunto señaló que esto sigue siendo un mandato de Trump, por lo que iría en contra de la enmienda 22.
Más que una posibilidad real, el debate del tercer mandato tiene un fin partidista. «Él lo ve como una estrategia política. Pienso que es para mantener a su base controlada, animada con el gobierno. Muchas de estas cosas que ha aprobado, aunque son en serio, creo que son para las gradas. Que saben que están haciéndolo mal pero lo hacen para las gradas, para contentar a las masas, al culto de él», expresó Chévere.
Este asunto del tercer término presidencial va de la mano con la visión de Trump de atacar a jueces y aprobar órdenes ejecutivas que son ilegales, dijo Chévere.
«Ahora mismo hay seis peticiones de emergencia en el Supremo federal sobre órdenes ejecutivas de Trump», indicó el profesor. Estas peticiones se trata del intento de la administración Trump de revocar decisiones de jueces de distrito o apelativos que han fallado en contra de la legalidad de algunas órdenes ejecutivas del mandatario.
«Las órdenes han sido bloqueadas tanto por jueces nominados por demócratas como por jueces nominados por él. No es la retórica que son nombrados por demócratas, es jueces por todo el espectro ideológico», sostuvo.